Confrontando al amor
Confrontando al amor
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Sucedió que un hombre se acerco a Jesús y le pregunto: --Maestro, ¿que de bueno tengo que hacer para obtener la vida eterna? Mateo 19:16
Confrontando al amor
Mateo 19.16-22. El joven rico
Introducción: ¡Qué difícil es amar! La gente no se deja. Hace todo lo posible por no ser amada. Cuando eso ocurre, debemos de pensar que es por causa de la maldad que hay en el ser humano. A menudo una persona piensa que si no se deja amar, entonces hace sufrir a la persona que quiere amar. Se logra, esta sufre pero la otra persona también sufre. La maldad, consciente e inconsciente, la comete la persona que no se deja amar, pues eso es egoísmo, y una injusticia.
¿Cómo podemos lograr que el otro o la otra se dejen amar? La psicología de las relaciones humanas habla de la empatía. Empatía es: entrar en el privado mundo de percepción de la otra persona y llegar a familiarizarse con él o ella totalmente. Esto implica tener una percepción de la otra persona de tal forma que se perciben los cambios de estado de ánimo, el temor, la rabia, la afectuosidad, el desconcierto o lo que sienta vivamente. Empatía es también, una cercanía real a la persona y sus vivencias. Cercanía tal, que pareciera que se vive lo que la otra persona vive, convirtiéndose no en una sombra sino en una imagen de la otra o del otro.
Aún cuando hay plena identificación con la persona, no hay absorción, es decir, convertirse en la otra o el otro sino se permanece como “contrario” reconocible para poder dar un paso atrás sin perder el contacto, en una trilogía expresada muy bien (por Heinrich Meng) en “Tacto, contacto y distancia”.
La empatía de Jesús
Jesús tenía “algo” que hacía que la gente se le acercara. Nicodemo le dice que debía provenir de Dios (Juan 3.2). La gente no solo se le acercaba a pedirle sanidad o resurrección de alguien, o comida, sino también se le acercó para pedirle vida eterna. Eso buscaba Nicodemo, eso buscaba el joven rico, (v. 16). A pesar de que ambos equivocaron la forma, ambos encuentran la respuesta. Veamos el caso del joven rico.
¿Qué buscaba? La vida eterna (v. 16)
A pesar de sus muchas riquezas y posesiones que tenía este joven, (v. 22), sabía que le faltaba “algo” que las riquezas no podían darle. En su vida había comprado y tal vez probado, de todo lo que en su tiempo podía alcanzar. Pero busca a Jesús porque había algo que sus riquezas no podían darle y estaba consciente de eso, sus riquezas no podían darle, la vida eterna. Eso es un indicativo de que no vivía tranquilo, digamos, no era feliz. Las implicaciones son claras. No importa cuánto tengas, si estás consciente –como aquel joven rico– de que hay una vida eterna que puedes vivir desde ahora, estarás consciente de que ¡NO LA PUEDES COMPRAR! No es dando grandes ofrendas o diezmos, aunque hay que darlos y no se dan por eso. No es comprando indulgencias o pagando misas o cultos o fiestas religiosas que se obtiene la vida eterna. Esto es quererla comprar y ¿sabe? ¡No está a la venta! (Isaías 55.1-3) Dios la regala, no la vende.
El joven aquel que se acerca a Jesús, lo hace de la forma incorrecta, “Maestro bueno” le dice. Nicodemo lo hace de noche. No obstante, ante la pregunta de Jesús y el recordarle la ley (vv. 17-19) el joven le dice que todo lo había hecho. Sin embargo ¡NO TENÍA LA VIDA ETERNA! Y él lo sabía, pues pregunta “¿qué mas me falta?”
Aquí hay un mensaje oculto, misterio le llaman algunos, que sale a la luz con esta pregunta hecha por este joven. El mensaje es, que contrario a lo que muchos otros digan, el guardar u obedecer la ley o los mandamientos es garantía de vida, y buena vida, pero ¡NO ES GARANTÍA DE VIDA ETERNA¡ ¡Si pudiéramos cumplir en su totalidad la ley o los mandamientos tendríamos una mejor calidad de vida, la violencia acabaría, los egoísmos acabarían, las infidelidades acabarían, las corrupciones acabarían, la pobreza acabaría, la maldad acabaría, el pecado acabaría, pero no es garantía de vida eterna, no después de la venida de nuestro Señor Jesucristo!
Jesús llega hasta lo más íntimo de esta persona. El evangelio según San Marcos, dice en esta parte que Jesús mirándolo lo amó. (Mc. 10.21). Aquí se nos aclara que la empatía ya se había dado. La atracción o búsqueda del uno y otro ya se había dado. Cuando Jesús le habla de los mandamientos es para que este joven percibiera que ya había sido entendido. Además era necesario que testificara que el guardar la ley no era suficiente. Todos los que les rodeaban seguro escuchaban y veían atónitos la escena que se desarrollaba. ¡He aquí un hombre joven, íntegro, pero que NO TENÍA LA VIDA ETERNA, y lo sabía! Sus riquezas y el guardar la ley NO le daban la vida eterna.
Jesús toca el corazón de este joven con un reto que este no esperaba. Le dice (v. 21) “. . .si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres. . .”
Al establecerse la empatía, Jesús sabía que su búsqueda era sincera pero no prioritaria. El joven quería la vida eterna sí, pero a un precio muy bajo. Acostumbrado a obtener lo que quiere sin que le cueste mucho, le era muy difícil aceptar este hecho.
¿Hace este hecho, un requisito para Jesús? ¡Enfáticamente no! Porque aún dando todas las riquezas de este mundo, para obtener la vida eterna a cambio, sería un precio muy bajo. Sería como vender indulgencias. No, Jesús no estaba poniendo en venta la vida eterna. Vea lo que pasó con Zaqueo, que era un hombre muy rico también (Lc. 19.2). Cuando Jesús y él se ven, se establece la empatía. Note que es Zaqueo quien busca a Jesús, igual que el joven rico. Cuando recibe al maestro en su casa, se compromete a dar la mitad de sus posesiones, no todas, a los pobres y a devolver cuadriplicado la que haya defraudado (Lc. 19.8). Jesús sólo dice que la salvación había llegado a esa casa. ¿Vendió El Señor algo allí? En ninguna manera. Jesús podía ver, sentir o percibir que en el corazón de este pequeño hombre había un cambio y se reflejó cuando decide compartir lo que tenía y devolver lo defraudado. Ese cambio produjo salvación, no el dinero que dio.
Ese cambio no se refleja en el joven rico. Este buscaba la vida dentro de lo material y al no hallarla se entristeció porque allí no estaba. Es mas, tenía que deshacerse de su antigua manera de vivir y eso significaba vender sus posesiones y repartirlo entre los pobres. Jesús buscaba en ese joven la posibilidad de un cambio. Este no se dio. Su amor por lo material sobrepasaba su amor por sus prójimos, parte de la ley que decía haber cumplido.
Finalización
Hoy se ha establecido una empatía entre Jesús y cada uno de nosotros. Jesús nos confronta al amor. Un amor que produce cambios en nuestra manera de vivir, de pensar y por lo tanto de actuar. Qué es lo que más amamos en esta vida y si estamos dispuestos a ser como Zaqueo o a retirarnos tristes como aquel joven.
Tal vez has sido un miembro de muchos años y has perdido la sensibilidad de Dios por los demás en cuanto a la necesidad que tienen de Dios, has dejado de evangelizar, de dar testimonio de tu fe en Dios, ya no cumples con toda la ley del amor que implica el dar tus diezmos y tus ofrendas, te has vuelto indiferente ante los males sociales, te has vuelto indiferente a la lectura y estudio de la Palabra, no te retires triste, al contrario, cambia y escucha esas palabras de Jesús “ni yo te condeno, vete y no lo hagas más…” No lo hagas más, escríbenos, oraremos por ti. Renueva votos con Dios.
Tal vez eres un hombre o una mujer que lo único que tienen es su pobreza, o su riqueza. Dios no te pide que te deshagas de ellas, sino que cambies tu mirada, que cambies tu manera de vivir, que aprendas a amar, que aprendas a ser solidario y solidaria con los que más necesitan. Que tengas un cambio, que por no poderlo obtener por ti mismo, por ti misma, permitas que Jesucristo lo haga por ti. Para eso, recíbelo como tu único y suficiente salvador. Puedes decirle al Señor, “Señor, me entrego a ti con todo mi corazón, yo no puedo cambiar por mi mismo, cámbiame tu, para ello te recibo como mi único y suficiente salvador.”
Si hiciste esta oración, escríbenos y también oraremos por ti. Dios te bendiga.
Pastor Pedro.
